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Los corales guardan un registro de la contaminación: así lo demuestra un estudio en Hawái

Restos de cosméticos, medicamentos y escorrentía agrícola: los corales de Maui acumulan la huella de lo que hacemos en tierra. Los investigadores proponen usarlos como «chivatos» de la calidad del agua.

Arrecife de coral Porites en Hawái
Los corales no pueden moverse: lo que llega al agua queda registrado en su tejido. Foto: U.S. Fish & Wildlife Service - Pacific Region's · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Una muestra de agua es una foto de un instante. Un coral, en cambio, es un diario. Esa es la idea de un estudio publicado en Nature Communications que propone usar el tejido de los corales para medir cuánto les afecta la actividad humana.

El estudio

Un equipo dirigido por Zachary Quinlan, biólogo de la Universidad de Hawái en Mānoa:

  • Tomó 380 muestras de dos especies, el coral lobulado (Porites lobata) y el coral arroz (Montipora capitata, en peligro), en 16 arrecifes a lo largo de unos 70 km de la costa de Maui.
  • Analizó su metaboloma: el conjunto de pequeñas moléculas (azúcares, grasas, aminoácidos) que refleja el estado de salud de un organismo.
  • Buscó además contaminantes, y encontró 25, procedentes de cosméticos, medicamentos, escorrentía agrícola y otras fuentes.

Lo que encontraron

Las muestras se agruparon en tres perfiles químicos que coincidían con una influencia humana baja, media y alta. Los arrecifes más expuestos tenían más contaminantes, y tres de los cinco más afectados estaban cerca de depuradoras.

El dato más interesante: los arrecifes con un metaboloma más sano tendieron a conservar más coral tras la ola de calor marina de 2015-2016. Los autores advierten que solo hay datos de cobertura a largo plazo para 5 de los 16 puntos, así que la conclusión no es definitiva. Pero apunta a que la contaminación local podría hacer a los arrecifes menos resistentes al calentamiento global.

Los corales «no pueden irse y buscarse otra casa», explica Quinlan: «están atrapados ahí».

Una herramienta con límites

Robert Quinn, de la Universidad Estatal de Michigan, que no participó en el estudio, califica la técnica de «potente», pero recuerda que los instrumentos necesarios son caros y difíciles de conseguir en muchos países con arrecifes. Nuevos métodos de muestreo con aguja podrían abaratarla.

La lección sirve también lejos de Hawái: lo que vertemos en tierra acaba en el mar. Lo vimos con las aves marinas atrapadas en redes y lo explicamos en los lugares que podrían cambiar radicalmente este siglo.

Fuentes y referencias

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