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Las 15 montañas más peligrosas del mundo y por qué lo son

No todas las montañas peligrosas lo son por lo mismo. Unas matan por sus aludes, otras por su altitud, su clima imprevisible o porque parecen más fáciles de lo que son. Quince cumbres y sus razones.

Ilustración de una pirámide de roca y hielo con nubes rasgadas por el viento
Altitud, aludes, clima y técnica: cada montaña combina sus propios riesgos. Ilustración: Altavia

Hablar de «la montaña más peligrosa del mundo» es simplificar. El peligro depende de la ruta, la época, el año, la experiencia de quien sube e incluso de cuánta gente hay en ella. Lo que sí podemos hacer es entender por qué ciertas montañas tienen una reputación tan temible. Estas son quince de ellas, cada una con su razón principal.

Los gigantes del Himalaya y el Karakórum

1. Annapurna I (8.091 m, Nepal) — los aludes

Fue el primer ochomil escalado (1950) y durante décadas el que acumuló, en proporción, más fallecidos por ascenso. Su vertiente norte está expuesta a aludes y seracs que caen sin previo aviso. Las estadísticas han mejorado en los últimos años, pero sigue siendo una montaña temida.

2. K2 (8.611 m, Pakistán-China) — la «montaña salvaje»

La segunda cumbre del planeta es más empinada, más técnica y más fría que el Everest, con un tiempo muy inestable. El «Cuello de Botella», un corredor bajo un enorme serac a unos 8.200 metros, ha sido escenario de tragedias. Fue el último ochomil en recibir una ascensión invernal: lo logró un equipo de diez alpinistas nepalíes en enero de 2021.

3. Nanga Parbat (8.126 m, Pakistán) — la «montaña asesina»

Ganó su apodo por las numerosas muertes en las expediciones de los años treinta. Su cara Rupal es una de las paredes más altas del mundo. Fue ascendida por primera vez en 1953 por Hermann Buhl, que alcanzó la cumbre en solitario.

4. Kangchenjunga (8.586 m, Nepal-India) — la lejanía

La tercera montaña más alta es larga, remota y expuesta a aludes. Tradicionalmente, muchos alpinistas se detienen unos metros por debajo de la cima por respeto a las creencias locales, como hicieron sus primeros ascensionistas en 1955.

5. Dhaulagiri (8.167 m, Nepal) y 6. Manaslu (8.163 m, Nepal) — avalanchas y masificación

Dos ochomiles con historiales marcados por aludes. En el Manaslu, una avalancha en 2012 mató a once personas en un campamento. Su creciente popularidad comercial añade el riesgo de la masificación.

7. Everest (8.849 m, Nepal-China) — la altitud y las multitudes

No es el más técnico, pero su altura extrema, la cascada de hielo del Khumbu y las colas en la arista final lo hacen peligroso. Lo explicamos en las nuevas normas del Everest.

8. Baintha Brakk, «el Ogro» (7.285 m, Pakistán) — la técnica

Tras su primera ascensión en 1977 —con Doug Scott bajando con las piernas rotas— pasaron 24 años hasta la segunda. Es la dificultad técnica sostenida a gran altitud lo que la convierte en un reto extremo.

En las grandes alturas, el peligro rara vez es uno solo: es la suma de frío, hipoxia, cansancio y decisiones tomadas con el cerebro al límite.

Alpes

9. Eiger, cara norte (3.967 m, Suiza) — la pared de la muerte

Su Nordwand, de unos 1.800 metros, sumó varias muertes en los años treinta antes de su primera ascensión en 1938. Desprendimientos, hielo y un tiempo que cambia en horas.

10. Cervino (4.478 m, Suiza-Italia) — la popularidad

Su primera ascensión, en 1865, terminó con cuatro muertos en el descenso. Hoy su ruta normal es muy frecuentada, con caídas de piedras agravadas en veranos cálidos y una arista en la que perderse es fácil.

11. Mont Blanc (unos 4.800 m, Francia-Italia) — subestimación

La cumbre más alta de Europa occidental se considera «accesible», y eso es parte del problema. El Gran Corredor del Goûter, con frecuentes caídas de piedras, acumula numerosos accidentes en la ruta normal francesa.

América y otros continentes

12. Denali (6.190 m, Alaska) — el frío

Por su latitud, sus condiciones se parecen a las de montañas mucho más altas: frío extremo, tormentas largas y una presión atmosférica más baja de lo que su altitud sugiere.

13. Aconcagua (6.961 m, Argentina) — la falsa facilidad

La cima más alta fuera de Asia tiene una ruta normal no técnica. Por eso muchos la subestiman y sufren mal de altura, frío y el temido «viento blanco». Lo explicamos en qué le ocurre a tu cuerpo por encima de los 3.000 metros.

14. Cerro Torre (3.128 m, Argentina-Chile) — el clima patagónico

Una aguja de granito coronada por hongos de hielo inestables y azotada por los vientos del Campo de Hielo Patagónico Sur. Su historia incluye una de las polémicas más famosas del alpinismo.

15. Monte Washington (1.917 m, EE. UU.) — el tiempo

La más baja de la lista y una de las más traicioneras para senderistas. En 1934 su observatorio registró una racha de unos 372 km/h, durante décadas el récord mundial de viento en superficie. Tormentas repentinas, niebla y frío extremo han causado numerosas muertes de excursionistas mal equipados.

Lo que todas enseñan

  1. La montaña no es peligrosa por su altura, sino por sus condiciones.
  2. La preparación y la aclimatación reducen riesgos, pero no los eliminan.
  3. Darse la vuelta a tiempo es la decisión más valiente.

Y no hace falta subir un ochomil para encontrarse con una tormenta: aprende a reconocer sus señales.

Fuentes y referencias

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