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Longyearbyen, el pueblo ártico donde el deshielo ya contamina el agua y agrieta las casas

A 78° de latitud norte, el pueblo más poblado de Svalbard vive en primera persona el calentamiento ártico: agua del grifo no apta para beber, viviendas inhabitables por el deshielo del permafrost, avalanchas y guías turísticos que cambian sus rutas.

Casas de colores de Longyearbyen, en Svalbard
Longyearbyen tiene unos 2.600 habitantes y se encuentra a 78° de latitud norte. Foto: Bjørn Christian Tørrissen · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

En Longyearbyen, el núcleo principal del archipiélago noruego de Svalbard, el cambio climático no es una proyección: es una rutina. Sus unos 2.600 habitantes llevan semanas llenando bidones en un tanque de agua filtrada instalado en el supermercado, porque las autoridades recomiendan no beber agua del grifo. Lo cuenta un amplio reportaje publicado por Infobae.

Agua con metales

La causa es inesperada: metales pesados presentes en las rocas del subsuelo han llegado a la red de abastecimiento. El alcalde, Terje Aunevik, ha propuesto separar el agua potable de la de uso doméstico general, mientras parte de los vecinos se queja por la lentitud de la solución.

Svalbard, situado a 78° de latitud norte, es uno de los lugares que más rápido se calientan del planeta: algunas estimaciones sitúan el ritmo hasta siete veces por encima de la media mundial. Más de la mitad del archipiélago está cubierto por glaciares.

Glaciares que mueren despacio

El glaciólogo Andy Hodson, del centro universitario UNIS, describe el glaciar Foxfonna, a unos 15 km del pueblo, como un glaciar que «está muriendo lentamente»: pierde entre 1 y 4 metros de espesor al año. En los últimos dos años, diez frentes glaciares de Svalbard han retrocedido por completo hasta quedar sobre tierra firme, y el verano de 2024 se llevó el equivalente al 1 % de todo el hielo del archipiélago.

Casas sobre un suelo que se mueve

Buena parte de Longyearbyen está construida sobre permafrost, el suelo permanentemente helado. Al descongelarse, pierde firmeza: aparecen grietas en paredes, cimientos dañados y viviendas que han quedado inhabitables, en un pueblo con escasez de casas. La arquitecta Ingvild Sæbu Vatn plantea cimentar hasta la roca firme, aunque advierte de que no es una solución automática.

Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico: es un anticipo de los cambios que llegarán a otras montañas.

Avalanchas y turismo

El pueblo recuerda la avalancha de diciembre de 2015, que sepultó viviendas al pie del monte Sukkertoppen y causó la muerte de dos personas. Hoy hay vallas contra la nieve, barreras y se han derribado casas en zonas expuestas, con un sistema de alerta que se alimenta de observaciones semanales del Centro Ártico de Seguridad de UNIS.

El turismo también se adapta: los guías han tenido que llevar las motos de nieve unos 11 km fuera del pueblo para encontrar suficiente nieve y han cambiado rutas por los fiordos por el riesgo de desprendimientos de hielo. Para 2027 se prevé un nuevo sistema de autorización de operadores turísticos con una evaluación más estricta de los riesgos climáticos.

El hilo común

Desde Svalbard hasta los Alpes, los síntomas se repiten: glaciares que retroceden, suelos helados que ceden y nuevos riesgos para quienes viven y viajan por la montaña. Lo vemos esta misma semana con las pérdidas de los glaciares suizos en 2026 y lo explicamos en qué pasaría si desapareciera la nieve de las grandes montañas.

Fuentes y referencias

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